Antes de entrenar más, mide mejor.
Dos personas pueden tener la misma edad, pesar prácticamente lo mismo y compartir un objetivo: estar en mejor forma. Sin embargo, una puede necesitar desarrollar fuerza; otra, mejorar su capacidad cardiovascular. Una tercera puede presentar una limitación de movilidad que condiciona determinados movimientos y otra tener una composición corporal similar, pero una capacidad física completamente diferente.
Entonces, ¿por qué deberían entrenar igual?
Durante décadas, buena parte del ejercicio se ha prescrito a partir de variables relativamente sencillas: edad, peso, experiencia previa y objetivo. Hoy sabemos que la realidad fisiológica es bastante más compleja. La tendencia en ciencias del ejercicio avanza hacia un principio aparentemente obvio, pero extraordinariamente importante: antes de decidir cómo entrenar, conviene saber qué necesita realmente ese cuerpo.
El peso cuenta. Pero no cuenta toda la historia.
La báscula ha sido durante mucho tiempo uno de los grandes referentes para valorar el estado físico. Sin embargo, un mismo número puede esconder realidades muy diferentes.
Un metaanálisis publicado en British Journal of Sports Medicine, que reunió cerca de 400.000 observaciones, estudió conjuntamente el índice de masa corporal y la capacidad cardiorrespiratoria. Sus resultados mostraron que las personas consideradas físicamente aptas presentaban un riesgo de mortalidad similar al grupo de referencia independientemente de su clasificación de IMC, mientras que los grupos con baja condición cardiorrespiratoria presentaban riesgos significativamente superiores.
No significa que la composición corporal carezca de importancia. Significa algo más interesante: ningún indicador aislado describe por completo nuestro estado físico.
Fuerza, capacidad cardiovascular, movilidad, equilibrio y composición corporal ofrecen información diferente. Cuando se observan conjuntamente, la fotografía cambia.
Lo que puedes hacer también es un dato de salud.
La capacidad física ha dejado de entenderse exclusivamente como una cuestión de rendimiento deportivo.
Una amplia revisión publicada en 2024 analizó metaanálisis que representaban más de 20,9 millones de observaciones procedentes de 199 estudios de cohortes y concluyó que la capacidad cardiorrespiratoria es un predictor sólido y consistente de morbilidad y mortalidad en adultos.
Con la fuerza ocurre algo parecido. Una revisión sistemática publicada en 2026 analizó 155 estudios de cohortes —94 de ellos incluidos en el metaanálisis— sobre pruebas de aptitud muscular. La fuerza de prensión fue la medida más estudiada y sus valores más elevados se asociaron con menor riesgo de diferentes problemas cardiovasculares, metabólicos, musculoesqueléticos, funcionales y cognitivos.
Incluso una capacidad aparentemente sencilla como mantener el equilibrio contiene información relevante. En un estudio con 1.702 personas de entre 51 y 75 años, no conseguir permanecer diez segundos sobre una pierna se asoció con un mayor riesgo de mortalidad durante el seguimiento, incluso después de ajustar por edad, sexo, índice de masa corporal y distintas enfermedades.
Estos estudios son observacionales y no permiten afirmar que mejorar una prueba concreta vaya a producir por sí sola esos resultados. Pero sí ayudan a comprender algo fundamental: nuestra capacidad física contiene información que una báscula o una fecha de nacimiento no pueden ofrecer.
Medir no sirve para coleccionar números.
Aquí aparece probablemente la parte más importante.
Evaluar tiene sentido cuando los datos modifican decisiones.
El American College of Sports Medicine contempla dentro de la evaluación física componentes como capacidad cardiorrespiratoria, fuerza y resistencia muscular, flexibilidad, equilibrio y composición corporal. Y establece además que la selección de las pruebas debe realizarse teniendo en cuenta tanto las características de cada persona como sus objetivos.
Porque personalizar no consiste únicamente en cambiar unos ejercicios por otros.
Significa poder identificar qué capacidades necesitan más atención, establecer un punto de partida, ajustar cargas y estímulos y, después, volver a medir para comprobar si aquello que estamos haciendo está produciendo la adaptación buscada.
Medir. Interpretar. Entrenar. Reevaluar.
Ese ciclo convierte el progreso, hasta cierto punto, en algo observable.
Dos personas aparentemente iguales pueden necesitar dos entrenamientos completamente distintos.
Imaginemos dos personas de 50 años, con el mismo peso y un objetivo genérico idéntico: “quiero encontrarme mejor”.
La primera presenta buena movilidad y capacidad cardiovascular, pero unos niveles de fuerza mejorables.
La segunda tiene una fuerza adecuada, pero necesita trabajar su capacidad cardiorrespiratoria y determinadas limitaciones de movilidad.
Prescribir exactamente el mismo programa a ambas sería ignorar precisamente aquello que las hace diferentes.
Por eso el futuro del entrenamiento probablemente tenga menos que ver con acumular sesiones y más con aumentar la precisión de cada una de ellas.
La pregunta deja de ser únicamente cuánto entrenas.
Empieza a importar, sobre todo, qué necesitas entrenar y por qué.
De la evaluación al entrenamiento de precisión
En REAL Healthness Club esta filosofía forma parte del método de trabajo.
Technogym Checkup permite evaluar diferentes dimensiones de la condición física y funcional —entre ellas composición corporal, movilidad, equilibrio, fuerza, capacidad cardiovascular y determinadas funciones cognitivas— e integrar los resultados para orientar programas personalizados y seguir su evolución en el tiempo.
La tecnología no sustituye el criterio profesional. Hace algo quizá más valioso: le proporciona más información para tomar mejores decisiones.
En el trabajo de fuerza, tecnologías conectadas como Biostrength permiten llevar esa individualización al propio entrenamiento, adaptando parámetros de resistencia y carga mediante el sistema Biodrive y utilizando la información disponible dentro del ecosistema Technogym.
El objetivo final, sin embargo, no es acumular tecnología ni datos.
Es mucho más sencillo.
Conocerte mejor para entrenarte mejor.
Porque antes de preguntarnos cuánto más podemos hacer, quizá exista una pregunta bastante más inteligente:
¿sabemos realmente desde dónde estamos empezando?
Fuentes consultadas
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American College of Sports Medicine (ACSM). Guidelines for Exercise Testing and Prescription y Fitness Assessment Manual.
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Lang JJ et al. Cardiorespiratory fitness is a strong and consistent predictor of morbidity and mortality among adults: an overview of meta-analyses representing over 20.9 million observations from 199 unique cohort studies. British Journal of Sports Medicine, 2024.
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Weeldreyer NR et al. Cardiorespiratory fitness, body mass index and mortality: a systematic review and meta-analysis. British Journal of Sports Medicine, 2025.
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García-Hermoso A et al. Clinical importance of simple muscular fitness tests to predict long-term health conditions: a systematic review and meta-analysis of 94 cohort studies. British Journal of Sports Medicine, 2026.
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Araujo CG et al. Successful 10-second one-legged stance performance predicts survival in middle-aged and older individuals. British Journal of Sports Medicine, 2022.
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Momma H et al. Muscle-strengthening activities are associated with lower risk and mortality in major non-communicable diseases: a systematic review and meta-analysis of cohort studies. British Journal of Sports Medicine, 2022.
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Technogym. Documentación técnica de Technogym Checkup, Technogym Ecosystem y Biostrength.


